El crimen de Cuenca
Pilar Miró dirigiendo 'El crimen de Cuenca' / ArteGB
Reportajes

La fina línea que separa la realidad y la ficción

“Vi El crimen de Cuenca de adolescente y me impresionó muchísimo, siempre me ha rondado mucho la idea, precisamente, porque hay ese ‘no-crimen’ y el crimen se ha cometido de una forma injusta contra dos inocentes, me parece algo muy potente”. Así es como describe Víctor Matellano, director del documental sobre el rodaje de dicha película, Regresa El Cepa (2019), la sensación que le dejó esta obra cuando la vio de joven. Pero lo que más le impacta no es la obra en sí, sino que se trate de una realidad llevada a la gran pantalla para denunciar los sucesos que ocurrieron entre 1910 y 1926.

El cine español cuenta con una extensa cantidad de títulos basados en hechos reales. Gracias a este arte, muchas historias llegan a la gran pantalla y se dan a conocer entre el público. Pero, ¿cómo se crea este tipo de películas? ¿A dónde acuden los cineastas para conocer a fondo la historia? ¿Cuánta verdad hay en esa ficción?

Hay dos puntos básicos desde los que parten los cineastas a la hora de documentarse sobre un suceso: las entrevistas y la bibliografía. Según las características de la historia, la labor se inclina más por una de las opciones o ambas son consultadas por igual. Esto puede deberse a que los protagonistas de la historia hayan fallecido —en ese caso, se opta por la documentación bibliográfica— o a que la historia no está documentada —será necesario realizar más entrevistas—.

El thriller histórico El fotógrafo de Mauthausen (Mar Targarona, 2018) es un ejemplo del primer tipo. “Ya existía mucha documentación acerca del caso”, comenta Alfred Pérez-Fargas, uno de los guionistas de la película. La vida de los prisioneros españoles que estuvieron confinados en el campo de concentración de Mauthausen (Austria) durante la Segunda Guerra Mundial está “extensamente relatada” por historiadores y representada tanto en libros como en películas. Los cineastas se sirvieron de toda esta documentación para crear el guion. También contaron con Benito Bermejo, el biógrafo del personaje protagonista, Francesc Boix —interpretado por Mario Casas—, como asesor de la película a nivel histórico.

El crimen de Cuenca siempre me ha rondado porque hay ese ‘no-crimen’ y el crimen se ha cometido de forma injusta contra dos inocentes”

Víctor Matellano

Por otro lado, el guion de El crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1981) nació de la historia popular de este “no-crimen” sobre la detención de dos amigos y vecinos de Osa de La Vega (Cuenca) como asesinos de José María Grimaldos López, quienes confesaron el homicidio tras ser sometidos a torturas por la Guardia Civil en 1913 y fueron condenados a 18 años de cárcel. La historia se fue transmitiendo de padres a hijos, entre vecinos, en charlas de amigos… La guionista Lola Salvador Maldonado —que por aquel entonces firmaba como “Salvador Maldonado”— pudo formar la historia pieza a pieza porque este suceso era “muy conocido en Castilla-La Mancha”, relata la jefa de producción de la obra, Marisol Carnicero, en el documental Regresa El Cepa. Se creó, principalmente, a partir de los diferentes testimonios de aquellos que vieron los hechos y todavía estaban vivos cuando hicieron la investigación, pues apenas existía documentación sobre el caso.

Sucesos recientes

La mort de Guillem (Carlos Marqués-Marcet, 2020) relata un suceso mucho más actual. El asesinato del joven antifascista Guillem Agulló en 1993 a manos de un grupo de extrema derecha no era nuevo para sus guionistas, Alfred Pérez-Fargas y Roger Danès: “Conocíamos la historia de oídas, porque en Cataluña y la Comunidad Valencia el caso es bastante popular”, cuenta el primero.

El coguionista Danès asegura que la documentación para El fotógrafo de Mauthausen y La mort de Guillem fueron “radicalmente distintas”. “Nosotros normalmente para el proceso de documentación usamos libros, a veces algún testimonio”, pero para la cinta de Marqués-Marcet “era una historia muy reciente”. Sin embargo, lo inusual en la documentación de El fotógrafo de Mauthausen, destaca, fue que “había poca gente que estuviera viva y en buenas condiciones para poder hablar de ello”.

“Normalmente para el proceso de documentación usamos libros, a veces algún testimonio”

Roger Danès

Para recrear los sucesos que la muerte de Agulló desencadenó, primero visitaron a su familia, recuerda el guionista, porque querían “su consentimiento para poder hacer la película”. Charlaron con ellos y con “todos los implicados, tanto a nivel jurídico como con los amigos de Guillem que estaban en la noche de los hechos”, rememora.

Entre todos los encuentros, Pérez-Fargas destaca la reunión con los amigos de Guillem que estuvieron presentes en el asesinato, quienes “no se habían reunido desde aquel entonces, era la primera vez que se veían después de todo aquello”. “Estuvimos con ellos unas tres horas, nos contaron cómo era Guillem y lo que sucedió aquella noche”, narra el entrevistado, “y ese encuentro para ellos fue como una terapia, nos dieron las gracias”.

Además, acudieron a los abogados que llevaron el caso y a otras personas próximas al joven, “tanto a nivel personal como político”, cuenta Pérez-Fargas, para recrear de la forma más fiel posible la historia.

Ambos cineastas destacan que el proceso de documentación fue muy “duro y emotivo”, pues “había gente con heridas muy recientes al respecto de todo esto”, describe Danès.

“La versión de Antonio García no está defendida por los compañeros que han dejado memorias al respecto”

Roger Danès

Después consultaron mucho más material de archivo. Acudieron a la hemeroteca de diarios y cadenas de televisión, como TV3 y 7 TeleValencia. Esta documentación la emplearon más tarde en la propia película. Durante la trama aparecen escenas en las que se reproducen fragmentos de algunas de las noticias y programas que consultaron, y varios de los recortes de los periódicos reales también están presentes de forma física en el desarrollo de la historia. “Hay una escena que es un programa de la televisión y las imágenes de archivo son del programa”, cuenta Danès, “pero quien está hablando al otro lado del teléfono es el actor Pablo Molinero” —quien interpreta al padre de Guillem—.

Para todo el proceso de documentación contaron con la ayuda de los productores, así como de los padres de Guillem y su hermana Belén, quienes quisieron poner su grano de arena.

Alfred Pérez-Fargas y Roger Danès

Los guionistas Alfred Pérez-Fargas y Roger Danès con el cartel de ‘El fotógrafo de Mauthausen’ / @Fargas_A en Twitter

Diferentes versiones, misma historia

Siempre hay varias versiones de una misma historia. Lola Salvador tomó como referencia la “rumorología” del caso Grimaldos para escribir el guion de El crimen de Cuenca. Esto se debe a que “hubo censura en los artículos periodísticos de la época, y en el año 1931, en la República, se volvieron a hacer artículos de ese tipo y se contó un poco sobre ello”, según relata Matellano. “Algunos de los pasajes no se sabe si son exactamente así, pero parece todo bastante claro, creo que se aborda de una forma bastante fidedigna”, valora el director.

Por otro lado, la parte más real de esta película es “la sentencia de revisión del Tribunal Supremo, eso es lo más real que existe”, apunta el cineasta, ya que se trata de un documento oficial y verídico.

Incluso para crear el documental inspirado en el rodaje de la película de Pilar Miró hubo asuntos acerca de todo lo que sucedió alrededor de esta obra que no estaban claros. “He intentado poner lo que estaba más probado, porque siempre hay alguna exageración”, señala el director de Regresa El Cepa. Existe una teoría sobre si las fuerzas vivas de Cuenca, el obispo y el alcalde intervinieron o no en Madrid para que se secuestrara El crimen de Cuenca. “No he tenido suficientes pruebas ni testimonios que me lo contasen y lo he evitado —explica Matellano—, hay cosas que pasan siempre que haces un documental, que no está todo probado y lo tienes que plantear de otra manera”.

“Había dos formas de ver El crimen de Cuenca: sin contar las torturas y contándolas”

Víctor Matellano

El caso de El fotógrafo de Mauthausen es más complicado. Las diferentes versiones de lo que ocurrió con las fotografías del campo de concentración fueron contadas por sus propios protagonistas, que ya fallecieron. Además de Boix, hubo otro fotógrafo en el campo de concentración llamado Antonio García. Sus versiones se contradecían en ciertos aspectos, pero la versión de García “no está defendida por los compañeros que han dejado memorias al respecto”, al contrario de la de Boix, argumenta Danès. “Si contrastas la versión de Antonio García, tiene algún que otro hueco, y nosotros a quien dimos más crédito no fue solo a Boix”, ya que su versión está respaldada tanto por el historiador Bermejo como por sus compañeros en el campo de concentración, razona el guionista.

Realidad vs. ficción

Existen casos que están tan documentados que resulta fácil diferenciar lo real de lo ficticio. Así ocurre en El fotógrafo de Mauthausen: los personajes cuentan con nombres falsos —a excepción de su protagonista y los nazis— porque fusionaron las características e historias de diversos individuos, ya que “había muchos y a nivel narrativo nos interesaba”, explica Pérez-Fargas. Sin embargo, el escritor asegura que el personaje de Valbuena —interpretado por Alain Hernández— está basado en el fotógrafo Antonio García, aunque “no sea él al 100 %”.

El equipo pensó que “poner los nombres reales era una buena idea para indagar, para saber quiénes eran las personas que estaban detrás de nuestros personajes”, cuenta Danès. Pero al pasar el guion por un gestor de Mauthausen, les dijeron que los nombres no podían aparecer porque era “faltarles el respeto” y tuvieron que cambiarlo. “Nosotros tenemos claro que es una ficción, no un documental, por lo tanto habrá hechos que seguro que son diferentes de lo que pasó en realidad”, aclara el guionista.

“Queríamos filmar en el mismo campo de Mauthausen pero en nuestro primer viaje descubrimos que, como se trata de un memorial, nadie puede rodar allí”

Mar Targarona

También se excluyen escenas reales de las películas, como el asesinato de Guillem Agulló. Renunciaron a ello porque al hacer la obra no querían ser “moralistas”, aunque el “punto de vista ético era el de la familia”, como declaró el director durante la presentación de la película en la Filmoteca de Valencia.

Lo mismo sucedió en El crimen de Cuenca. Debido a la crudeza de los hechos, el equipo del largometraje decidió censurar varios de ellos. “En algunos episodios era menos duro de lo que ocurrió en la realidad”, recuerda Guillermo Montesinos —quien interpreta a José María Grimaldos, El Cepa— en el documental. Se trata de una escena que explica por qué la mujer de Gregorio acusa de asesino a su propio marido, un momento que presenciaron varios testigos: “Los guardias entierran medio cuerpo de su niña y simulan su fusilamiento”, narra el actor. La directora y el productor Alfredo Matas decidieron eliminarla porque la consideraron “poco creíble”.

Sin embargo, una de las disputas sobre el guion era acerca de mostrar o no la violencia. “Había dos formas de ver esto: sin contar las torturas y contando las torturas, y se aborda la forma de contarlas —explica Matellano—, eso es lo que marca el carácter de la película”.

El escenario

Un elemento importante a la hora de recrear los sucesos es el escenario. Los cineastas tratan de grabar en los lugares donde sucedió la historia real. También acuden a la escena a la hora de documentarse, pero no solo para hablar con los protagonistas del relato.

“Estuvimos en el campo de concentración de Mauthausen, con una visita guiada”, cuenta Pérez-Fargas, ya que querían “comprender mejor el contexto” de los sucesos para crear el guion. Pretendían hacerse una idea de cómo
vivían allí y cómo era el lugar en el que estuvieron los personajes durante tanto tiempo, entre otros detalles.

El equipo de El crimen de Cuenca se trasladó hasta la provincia, concretamente a las localidades de Osa de la Vega, Belmonte, Tresjuncos y La Celadilla, los escenarios reales del caso. Como cuentan varios de ellos en Regresa El Cepa, para representar de la forma más fiel posible el suceso era necesario rodar allí y hablar con el pueblo.

Para su documental, Víctor Matellano quería llevar a Montesinos a la localización y que “se encontrase con los vecinos”, cuenta, ya que se lo plantearon como un rodaje de “actor-territorio”, aunque acabaron tomando otro rumbo y añadieron otros testimonios. En este caso, el escenario iba a ser la esencia del largometraje: “Quería contar cómo un actor de esa película se reencontraba con el lugar en el que la había hecho y cómo había o no cambiado el sitio en función de aquel rodaje, 40 años después”, apunta el director.

Guillermo Montesinos

El actor Guillermo Montesinos lee ‘El crimen de Cuenca’ durante el rodaje de ‘Regresa El Cepa’ / ArteGB

Otro ejemplo es La mort de Guillem, que está rodada prácticamente en su totalidad en Burjasot (Valencia) y Montanejos (Castellón), los municipios donde ocurrieron los hechos.

Por el contrario, la cinta de Mar Targarona se grabó entre Budapest y Barcelona. En España se rodaron fundamentalmente los interiores y en Hungría los exteriores, porque “hay un campo de concentración construido en el que ya John Huston rodó Evasión o victoria”, como cuenta la directora en una entrevista al medio online Audiovisual451. Sin embargo, la primera idea fue “filmar en el mismo campo de Mauthausen pero en nuestro primer viaje descubrimos que, como se trata de un memorial, nadie puede rodar allí”, explicó Targarona al diario El Periódico.

La ficción siempre ha tomado a la realidad como fuente de inspiración, desde las mentiras cotidianas que completamos con detalles de otros sucesos hasta las superproducciones de Hollywood que cuentan historias fantásticas. Estas películas que relatan sucesos verídicos son solo la versión más fiel de nuestro día a día. La imaginación del creador está limitada a lo existente.

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