Barry B
Barry B durante su concierto en Almería / Paula Lima
Música

Cierre apoteósico: Barry B se corona de laurel en Almería

A estas alturas, el éxito de Barry B no deja a nadie indiferente. El arandino Gabriel Barriuso se ha convertido en una de las propuestas más interesantes del panorama musical español. Apenas hace dos años de cuando sacó Chato, su álbum debut, y, desde entonces, no ha parado de crecer como artista. Tanto es así que para la gira de su EP Infancia Mal Calibrada agotó los 30 conciertos que tenía programados. Un tour que puso fin en Almería el pasado 18 de abril.

La propuesta de Barry B es difícil de encasillar. Aunque sus inicios se derivaron hacia lo más underground del urbano, lo cierto es que Gabriel Barriuso ha sabido construir su propio sonido con la mezcla de diversos géneros e influencias británicas. Entra dentro de lo alternativo, eso queda claro, pero ni es totalmente pop-rock ni se siente demasiado urbano. Son pequeñas pinceladas de pop, rock, britpop y punk que, mezclándolas con ritmos como el DMA’s y el UK garage, dan como resultado el tan característico estilo del arandino.

Antes del show principal, Candela Gómez calentó los motores con un pop-rock suave en la sala Berlin Social Club, que comenzaba a llenarse. La artista emergente se dio a conocer con la interpretación de cuatro temas de su álbum debut Oversize, acompañada de su guitarrista. Entre ellas, destacaron la artevida Morderte y el sencillo Ridícula!, que hizo reflexionar al público sobre la realidad que viven las mujeres artistas en la industria musical.

Carga eléctrica de dopamina

Con la sala repleta, las luces se apagaron. En ese momento, fueron entrando uno por uno los miembros de la banda que acompañan al proyecto de Barry B: batería, bajo, teclado y dos guitarras dieron comienzo a la velada con Joga Bonito. La energía del público solo crecía con la intensidad que se desprendía desde el escenario. TK mostró un toque urbano para llegar al culmen del rock con la frenética ¿Quieres autodestruirse conmigo?, un tema que se vivió cual karaoke de madrugada. La reacción del público a la pretensión de la banda dio por sentado que esa noche se iba a vivir algo único.

El estruendo solo se disipó por unos instantes para arropar la delicadeza de Vis a Vis, entrando en una atmósfera de calma. Hubo momentos de desquicie, pero también tuvo cabida la nostalgia. Kit Kat y Taj Mahal fueron un regalo «para aquellos que están desde el principio», afirmó el artista. Junto a Soleá y Rookies, su trap del romanticismo por excelencia, pusieron a prueba a los fans más recientes. Gracias a la banda, la integración de estos temas antiguos resultó muy orgánica con la modernización del sonido para encajarlo con el estilo actual de Barry B.

La propuesta escénica es sencilla, no es más que un cantante con un pie de micro que se mueve por el escenario acompañado de su banda frente a un fondo con la portada del EP Infancia Mal Calibrada. A simple vista no tiene nada de especial, pero justo esa simpleza la contrarresta con la energía que se genera. Banda y público logran conectar a un nivel tan profundo que crean una atmósfera de buenrollismo inigualable.

Tránsito entre la serenidad y el dolor

Los conciertos de Barry B se caracterizan por mezclar la intensidad frenética con la calma y sensibilidad de sus letras. Trankis abrió el espacio chillout del repertorio, aunque resultó poco atractiva por la voz pregrabada de Aitana. En el corazón de un Gigante de Cristal también hay cabida para el amor más puro, a pesar de haberse roto «en mil pedazos». El respiro de esa intensidad la dio Swish con una interpretación cómica. Las caras que ponía mientras rapeaba y sus movimientos por el escenario fueron todo un show dentro del propio espectáculo.

«Vamos a ponernos un poquito sensibles», adelantó el artista en el parón entre canciones. La melancolía se apoderó de la sala con Todo ese dolor, que puso a gritar al unísono a un público andaluz la frase: «Yo nunca he creído en Dios». Alguna lágrima que otra cayó con El Lago de mi Pena y también dio una lección sobre El Efímero Arte de Perdonar. «Quiero que pongáis los brazos en jarra y que os agarréis con el compi de al lado, ¡vamos a saltar!», pronunció el músico para cerrar el ciclo del sobrepensamiento por todo lo alto con Komantxeria.

Un triunfo glorioso para Barry B

El éxito de Infancia Mal Calibrada se midió en los decibelios que fue capaz de soportar la sala para el frenesí del tramo final, acompañada de Chocolate Axe y Monster Truck. Unos temas con toques de urbano y DMA’s que hicieron sentirse vivos al público almeriense cantando ese peculiar «mami quiero besarte».

En el cierre, el arandino cogió la guitarra para dar paso al mantra de Victoria. Con los puños cerrados en el aire, los fans vitorearon ese: «Sé de sobra que siempre hubo un motivo». Cual Moisés, el artista abrió al público en dos para dar paso a Yo pensaba que me había tocado Dios y, así, los asistentes se apelotonaban, presos del éxtasis, en un pogo multitudinario. Barry B salió victorioso del escenario. No solo por finalizar una gira de salas con todo agotado, sino por haber ganado el mayor éxito: hacer vibrar los corazones de todos los que acudieron a la batalla.

Paula Lima
Redactora y Creadora de contenido en Marketing. Con una sólida pasión por la música y su difusión a través del rigor de la información y la crítica periodística, ha trabajado en medios como Bekia y La Opinión de Málaga.

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