‘Un gran viaje atrevido y maravilloso’: Kogonada tropieza en un relato tan bello como vacío
Kogonada, cineasta celebrado por la delicadeza visual de Columbus y After Yang, regresa con Un gran viaje atrevido y maravilloso. Esta propuesta mezcla romance, fantasía y road movie y cuenta con Margot Robbie y Colin Farrell al frente. Pero este viaje, prometedor en su hoja de ruta, se pierde con facilidad en sus propios portales mágicos.
Quedan claras las influencias: la estética cuida cada plano, los colores y los encuadres son remotos ecos de Wes Anderson, y el realismo mágico se convierte en recurso ornamental más que en fundamento narrativo. Sin embargo, estos artificios estéticos no compensan los vacíos del guion: los personajes aparecen poco definidos, sus pasados traumáticos quedan expuestos con brochazos superficiales y los saltos fantásticos, aunque pretenden dotar de sentido a la historia, resultan confusos, arbitrarios y poco convincentes.
El ritmo también juega en su contra: tras un comienzo que despierta curiosidad, la narración se estanca, plagada de momentos repetitivos y diálogos que enfatizan emocionalidad sin ofrecer profundidad. En vez de tensión sentimental auténtica, Un gran viaje atrevido y maravilloso deriva hacia lo sensiblero y lo previsiblemente melancólico. En contraste, lo visual es lo más salvable, ya que la puesta en escena es elegante, y el uso del espacio y la composición pictórica de las escenas logran momentos de belleza efímera. Robbie y Farrell hacen lo que pueden; su química es tenue, pero al menos compensa en parte la sensación de que lo que ocurre tras la puerta del realismo mágico no tiene lógica clara ni emocional efectiva.
En definitiva, Un gran viaje atrevido y maravilloso es una película con buenas intenciones, pero naufraga en la ejecución; lo fantástico termina pareciendo un adorno que no conecta y la historia se hace larga para lo poco que aporta.

