‘Hasta que me quede sin voz’: Leiva frente al espejo del éxito y la fragilidad
Leiva es uno de los personajes más conocidos a la par que enigmáticos de la cultura española. Desde inicios de los 2000 con Pereza hasta hoy con su carrera en solitario, los temas compuestos e interpretados por el madrileño están arraigados en la memoria popular, sonando en bares, radios, coches y centros comerciales para acompañarnos en nuestro día a día. Sin embargo, poco se sabe de Miguel Conejo, nombre real del artista, más allá de su música. Su personalidad hermética acompaña el misterio que siempre ha rodeado su figura, que sigue presente en Hasta que me quede sin voz, el primer documental sobre el músico.
Hasta que me quede sin voz es un retrato íntimo que muestra algunos de los momentos más vulnerables de Leiva, como sus problemas vocales y el miedo a no poder volver a cantar en algún punto de su vida, o el accidente que sufrió de niño y le costó un ojo. Acompañado por la cámara y, a veces, grabándose en solitario, enseña cómo es su día a día mientras está de gira o creando un álbum. También llegamos a conocer su hogar, su barrio, a sus padres cenando un día cualquiera y a sus amigos en el bar de siempre. El documental no recurre a testimonios externos: casi todo el relato está contado en primera persona, lo que refuerza esa sensación de honestidad y cercanía.
El largometraje retrata la tensión entre el éxito visible y el desgaste interno, entre la necesidad de actuar y el deseo de retirarse a espacios privados, lejos del ruido público. Además, Leiva reflexiona sobre la suerte como elemento decisivo en su carrera, más allá del talento y el esfuerzo. Visualmente sobrio y sin artificios, Hasta que me quede sin voz conmueve porque no pretende impresionar con espectacularidad, sino con veracidad.

