Chiara Oliver, del caos emocional a la aceptación de la ruptura en ‘No fue real’
«Si alguna vez te acuerdas de mí, me gustaría que lo vieras así», relata Chiara Oliver al inicio de su primer álbum. No fue real nace desde el profundo sentimiento del desamor en el momento exacto en el que se produce la ruptura. Y es que estas palabras son claves para comprender el concepto que engloba el proyecto: el proceso de sanación que experimenta la extriunfita en las diferentes etapas del duelo. Un disco de evolución artística con el que marca un antes y un después en su carrera musical, construyendo una identidad sonora cada vez más sólida.
Los anteriores EP, La libreta rosa y La última página, mostraron a una chica que acababa de salir de Operación Triunfo con un sueño entre las manos. Una niña rockera y alocada con un universo sonoro disperso. Sin embargo, desde el momento en que la menorquina presentó Puzzle, el primer single del álbum, todos aquellos que no la seguían desde el concurso decidieron darle una segunda oportunidad a su música. Sin duda, la exconcursante de OT23 ha sabido cómo encajar cada pieza para crear un proyecto poco usual dentro de la industria musical española.
La evolución sonora y madurez emocional de No fue real
En esta nueva etapa, Chiara Oliver se desprende de aquellas etiquetas impuestas para presentarse al mundo con un proyecto genuino y complejo donde solidifica su esencia como artista. Un disco envuelto de vulnerabilidad, nostalgia y sinceridad, con letras íntimas que demuestran la madurez compositiva que ha experimentado en comparación a sus trabajos anteriores. Este estado refuerza la idea de identificación del espectador. Al fin y al cabo, la música de la menorquina gira en torno a este concepto, que cualquier persona sea capaz de verse reflejada en ella, que puedan sentirlas reales.
A nivel de producción, existe un contraste de melodías suaves que oscilan entre el pop puro, el bedroom pop y el dream pop para soportar una mayor carga emocional, pero deja espacio para la diversión con el pop-rock que le da seña. Una mezcla de estilos nada particular en la escena española, pero sí en la anglosajona. Chiara Oliver ha encontrado su propio sonido indagando en sus referencias más directas, las que no deja de escuchar diariamente. Asimismo, ha traído un aire fresco a la industria nacional con un sonido que puede recordar a algunas pop girls como Lizzy McAlphine, Gracie Abrams, Chappell Roan, Phoebe Bridges o Beabadoobee.
Anatomía de una ruptura anunciada
En la primera reproducción, puede dar la sensación de que es un disco incongruente, pero con una escucha activa se percibe su coherencia emocional y esa es la clave por la que no es un álbum más de ruptura. Las piezas se conectan entre sí a través de los estados anímicos que desarrolla la artista. Es una ordenación lógica de pensamientos y sentimientos, a veces llenos de ira y otras, de nostalgia y anhelo. Por ello, el disco se divide en tres partes muy bien definidas, según las diferentes etapas del duelo.
La primera etapa tiene que ver con la incomprensión y la dependencia. Se encuentra en los primeros momentos de la ruptura. Es consciente de que las piezas del rompecabezas no encajan, pero no es capaz de salir de esa toxicidad dañina. Un sentimiento que se sostiene desde Me puse a escribir (intro), una canción que curiosamente tiene la esencia del sonido de Amaia; pasando por los sencillos Puzzle y Margaritas.
La nostalgia entra en duelo con la rabia en la segunda etapa, que empieza a partir del tema que da nombre al disco pasando por Lo siento x ser yo, Una más y Es mejor así. El momento en el que analiza todo lo vivido con esa persona y experimenta una desconexión de la realidad provocada por la ira. Asimismo, relata cómo siente que tuvo que cambiar para ser amada por una persona que prefería mantener su relación en secreto. Llegado a este punto, la artista se toma un respiro para abogar por la hermandad de la amistad en Me & my girls, porque para sanar es necesario tener cerca a aquellos que te sostienen.
El desenlace del álbum
En el último tramo del duelo, la nostalgia se sostiene. pero esta vez lo hace desde el punto de vista de la aceptación y el agradecimiento, así se despide con las últimas cuatro canciones del álbum. Calle Luna, una balada sincera en la que samplea la mítica Kiss me de Sixpence None The Richer, todo un regalo para aquellas chicas a las que les encantan las romcom de los 2000. Un minuto + y Si te tuviera aquí conservan la esencia de 3 de febrero y Otro día de sus anteriores EP. Como cierre, se despide con los juegos de palabras de 2+2=5, que mediante metáforas negativas enmascaradas de ironía, aclara que esa historia de amor fue real y, finalmente, acepta que fue amada, pero no de forma sana.
No fue real es, por tanto, una operación a corazón abierto que le ha permitido sanar con cada punto de sutura transformados en canción. La cura mediante el arte de escribir desde el lado más sincero de lo vivido, desde su realidad. Queda claro que Chiara Oliver ha vuelto con paso firme para hacerse un hueco dentro de la industria. Y parece que lo está consiguiendo, pues actualmente es una de las artistas emergentes con mayor proyección en el panorama musical español.



La mejor crónica q he leído, Enhorabuena.