La conquista de Málaga: En esta casa se escucha El Kanka
El pasado lunes 8 de junio, en el Teatro Cervantes se vivió la primera noche de una semana histórica para El Kanka. Apenas iba de camino a su tierra cuando llegó la esperada noticia: entradas agotadas para las seis fechas de su querida Málaga. Un récord que le ha “robado” a Raphael, quien consiguió llenarlo con cinco recitales. Bajo el manto del ciclo Terral, Juan Gómez volvía a casa para inaugurar su estancia en el templo de la música malagueña con su gira La calma. Y lo hizo visiblemente emocionado, entre un manojo de nervios e ilusión.
Los más rezagados aún buscaban sus asientos entre las butacas cuando la telonera Yolan Postigo rompió el hielo de la noche. La joven artista, una de las ganadoras del concurso impulsado por El Kanka para dar visibilidad al talento emergente malagueño, convirtió al público en parte de su espectáculo, invitándolo a maullar como gatos y a volar como Mariquitas.
Bienvenidos al show
En el ambiente se palpaba la alegría de volver a tener a su compadre en las tablas. La estrecha relación de El Kanka con su tierra volvió a hacerse evidente sobre el escenario. “Bienvenidos, bienvenidas y bienvenides a esta locura. Prácticamente, voy a vivir en este teatro por los próximos seis días”, saludó emocionado tras abrir su actuación con O Algo; La Apuesta, con su pegadizo ‘uia’ que entonó al unísono con el público, y Para eso canto. Desde el inicio, el cancionista dejó clara cuál era su intención: “Ya que habéis venido, espero que salgáis un poquito más feliz de lo que habéis entrado”.
Antes de continuar, El Kanka rogó al público que le dejen “cuidarse más por dentro que por fuera”. Con esa humorística súplica, dio paso a Guapos y guapas para continuar con Compadres. Los primeros compases del concierto mantuvieron un clima de serenidad y disfrute compartido hasta estallar en uno de los momentos más emocionantes de la noche: Andalucía, convertida ya en un himno patriótico para toda la sala. Desde ese momento, la rueda de canciones no cesó: Vengas cuando vengas, Para vivir, Ansiedad y Pasitos benditos mantuvieron el ritmo intenso de la velada.
Sin prisa, pero sin pausa
La emoción recorrió el Teatro Cervantes de un extremo al otro, sellando una conexión difícil de igualar entre el artista y sus seguidores. Lo había vuelto a hacer. El Kanka consiguió tener al público rendido a sus pies. Solo ante el abismo y con la sala a oscuras, el estribillo de Hombre pájaro resonó como un homenaje a Robe antes de desembocar en Volar, uno de los temas más laureados por el público. Luego, las revoluciones bajaron para recibir la sensibilidad de Eres y Pensando en ti, con ukelele en mano.
Como muestra de agradecimiento, decidió tener un especial detalle. “No sé si se publicará, pero me apetecía compartiros un trocito de mi historia”, confesó el artista visiblemente nervioso. El Barrio, una canción que refleja las vivencias, los recuerdos y los sueños cumplidos de aquel niño que creció en el Parque Mediterráneo, el lugar “donde siempre vuelvo, de donde nunca me fui”. A esas alturas del concierto, la complicidad entre artista y público era absoluta.
La velada que nadie quiso acabar
Tras una breve transición para aplaudir a la banda, El Kanka puso el Teatro Cervantes patas arriba con La Calma, el tema que da nombre a su último álbum. Después, llegaron la delicada Querría, la inspiradora Sí que puedes y la divertida He dicho que no. Con Limpieza general hubo algunos que se animaron a bailar y Por tu olor brindó uno de los momentos mágicos de la velada, el público se arrancó a cantar a capella junto al artista. Incluso, siguieron entonando cuando sonó la sensibilidad de Para quedarte.
El tramo final vino de la mano de Le pasa solo al resto, una metáfora sobre la muerte que invitó a reflexionar sobre la importancia de disfrutar del momento. Y como no podría ser de otra forma, el teatro se vino arriba para bailar al compás de Que bello es vivir. La energía terminó por adueñarse de la sala con Sabéis quienes sois, oda a la amistad que encendió la alegría colectiva. El broche definitivo lo puso la ya mítica Canela en rama, un colofón de palmas, risas y buen rollo. Tras una merecida ovación, concluyó la noche. Un concierto marcado por la cercanía, el humor y la complicidad de un público completamente entregado a su profeta en su tierra.


