‘La cena’: humor y memoria histórica en una comedia tan elegante como contenida
En La cena, Manuel Gómez Pereira se sienta a la mesa de la memoria histórica con un menú tan ambicioso como sencillo. Entre platos de humor, tensión y crítica social, el director adapta la obra teatral de José Luis Alonso de Santos con elegancia formal y una puesta en escena contenida, aunque el resultado deja cierto regusto a simpleza.
Con Mario Casas y Alberto San Juan a la cabeza, el diverso elenco se adapta a la trama y funciona de forma correcta. Todo el reparto entra de lleno al ambiente humorístico requerido y, en las contadas escenas donde la risa se corta, se ajustan a la tensión y el nerviosismo de la situación totalitarista. Casas cumple con un registro medido, ahora que ya estamos acostumbrados a verle actuar bien, mientras que San Juan aporta el contrapunto irónico que equilibra las escenas dramáticas. Elvira Mínguez y Asier Etxeandia completan el grupo con solidez, aunque algunos secundarios se quedan en el trazo caricaturesco.
La Guerra Civil y el franquismo son dos momentos de la historia española que llaman la atención del público y, por lo general, se demanda más producciones ambientadas en ellos. Pero la creación de historias sobre conflictos puede bailar entre los géneros, como en este caso, donde se opta por la comedia. Gómez Pereira elige reírse del miedo y la opresión, pero su sátira no siempre muerde con la fuerza suficiente. En ocasiones, la ligereza del tono le resta profundidad al retrato social que propone.
Visualmente, La cena es impecable: la fotografía y el diseño de producción recrean con precisión el Madrid de posguerra, y la cámara se mueve con un ritmo teatral que potencia los diálogos. Sin embargo, su impecable acabado formal no compensa una historia que, pese a su noble intención, termina resultando más amable que provocadora.

