Mi querida señorita
Elisabeth Martínez protagoniza 'Mi querida señorita' / Festival de Málaga
Cine

‘Mi querida señorita’ revitaliza un clásico con actores que llaman a la puerta del Goya

Es de admiración la adaptabilidad de Fernando González Molina a todo tipo de retos. Bien elogiaba Javier Calvo en la rueda de prensa que la decisión de apostar por González Molina se debía a su exitosa experiencia con el público joven. Lo confirmamos: tanto la bilogía (de momento, así me resisto a creer) de Tres Metros Sobre el Cielo como la comedia Fuga de Cerebros son obra y gracia de un cineasta que entiende la industria como un amalgama de géneros en igual proporción.

El reto de Mi querida señorita era mayúsculo: adaptar la película de culto de Jaime de Armiñán (1972) y devolverla al futuro con unas nuevas imágenes, ahora consecuentes con una realidad que da pasos hacia delante cuando hablamos de inclusión pero da pasos hacia atrás al hacerlo desde la minoría cuantitativa. La intersexualidad no se debate porque tampoco se formula; para muchos, una letra de una sigla que desintegra socialmente más de lo que pretende unir.

Una dirección que se atreve a cosas diferentes

Lejos de limitarse a una dirección solvente, donde el lenguaje visual funcione como mero vehículo de un viaje hacia la deconstrucción y comprensión de una nueva identidad, González Molina se atreve a cuotas artísticas nunca vistas en su obra. Con ecos de Rainer Werner Fassbinder, el primer Almódovar de los 90 que se acogía al melodrama y seguido por el tempo autoral de los Javis (guiando los pasos desde la labor de productores), equilibra inteligentemente el tono visual en dos mitades, marcado por la excelente metáfora del cambio de milenio.

El comienzo recoge la idiosincrasia visual del norte, con lluvia copiosa entre tonos grisáceos, y una luz ámbar que sirve para ubicar la temporada navideña como manera de enfatizar la infantilidad a la que reducen a Adela. A partir del segundo acto, en un acto de rebelión compartida con la protagonista, el plano se enciende a nivel de luz natural y color: el entorno ha mutado de la iglesia a la discoteca y las sotanas se han guardado en el armario para coger camisetas pop. En el puente entre dos mundos, el recuerdo reprimido y un futuro libre, aparece la familia elegida. Aquel amor incondicional con el que podemos ser nosotros.

Compañeros secundarios de lujo en Mi querida señorita

Mi querida señorita sobre todo funciona por su engranaje actoral, pivotados por una novel Elisabeth Martínez que encuentra en su propia realidad una forma de entregarnos una Adela vulnerable y desarmada ante un lugar que no la deja salir sin sentir miedo.

Sus compañeros secundarios funcionan como ideales elementos satélite, en especial un histórico Paco León, papel que congenia su gracia natural con la fragilidad que demuestra la madurez de los que sí han combatido la batalla del estigma. Manu Ríos con se atreve con piercings y peluca a ser el particular Antonia San Juan de Todo sobre mi madre y convertirse en el trampolín que empuja a Adela a barrer su dogmática zona de confort.

Miguel Robles
Periodista y gestor de cuentas en marketing digital, ha cubierto el Festival de Málaga en medios como La Opinión de Málaga y Cine Nueva Tribuna.

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