Arrebato
'Arrebato' se estrenó en 1979 / Zenit Comunicación
Cine

‘Arrebato’ o la máscara de la vanguardia

La versión restaurada en 4K de Arrebato (Iván Zulueta) llega a FlixOlé con la intención de revertir la paupérrima recepción que tuvo en 1979 y que alcance para todos la dignidad de película de culto que supone solo para unos pocos pretenciosos. A riesgo de convertirme en un boyerista, diré que por mí ha pasado con más pena que gloria. Pocas veces he sentido una desidia semejante ante un producto del séptimo arte. En contadas ocasiones unos personajes me han parecido tan insulsos y me han importado tan poco. No sé cuándo volveré a aburrirme tanto. Sin embargo, paradójicamente, he de confesar que me alegro de haber llegado hasta su final, sorprendente y aprovechable. Quizá ahí esté su único valor, en la disonancia cognitiva generada cuando se vislumbran los créditos.

De poco sirve preguntar si esa fue la intención del autor. La respuesta va a ser siempre tramposa y, cómo no, amparada por la posmodernidad. Los creadores y, peor aún, los acólitos de este tipo de cine siempre van a salir reforzados del sometimiento a una cuestión de ese calibre arguyendo que por supuesto, que el arte no está solo para generar belleza y satisfacer al espectador, sino también para incomodarlo, o alguna petulancia por el estilo que sonará maravillosa para el pseudointelectual de turno. Así se transforma la falta de talento en halo de vanguardia.

Todo vale cuando se construye en esta línea eduardocasanoviana. Si las interpretaciones de Eusebio Poncela, Cecilia Roth y Will More resultan exageradas, es que esa fue la intención. Si la voz en off de uno de los personajes protagonistas hace que ruegues al dios que fuere por una sordera repentina, se argumentará que esas sensaciones también merecen ser experimentadas. Si Arrebato no se vendió bien, es porque estamos ante una obra incomprendida y adelantada a su tiempo.

Mi madre y Ana, la editora, perdonarán que me exceda con los tacos, a veces no queda más remedio que la contundencia: estoy hasta los cojones de que se exhiba el aura de obra maldita o rompedora como imperativo para inducir una valoración positiva, algo de lo que el cine de La Movida se ha beneficiado hasta la saciedad, empezando por gran parte -que no toda, por supuesto- de la obra de Almodóvar. Hay que aplicar a todos los ídolos la filosofía del martillo y golpearlos para evidenciar que suenan a hueco, incluidos los tótems punkys. Hay que ser capaz de superponerse a esa sensación de retirada del carné de cinéfilo por defenestrar una película aclamada por una sarta de eruditos a la violeta. Hay que aventurarse a decir, sin tapujos, que el único calificativo posible para productos como Arrebato es el de «valiente mierda». Y, al tiempo, hay que hacer este ejercicio de vituperio sin que ello impida reconocer que, inesperadamente, tiene un final valioso para cualquier amante de los relatos góticos, que casi compensa en diez minutos el profundo hastío generado por una hora y media previa de guion obscenamente malo, narrado con una carencia absoluta de gracia y de ritmo.

Manu Collado
Empresario de lo inútil.

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