'Corredora', Sección Oficial del Festival de Málaga
Cris (Alba Sáez), protagonista de la película 'Corredora' / Festival de Málaga
Cine

‘Corredora’ mantiene el ritmo, pero no acelera lo suficiente 

Nos gustan los dramas deportivos en el cine: la representación de las victorias inalcanzables que rebosan la línea de meta, y más por la fidelidad a las derrotas que tanto nos recuerdan a nosotros. Me llama por tanto un drama deportivo en el cine español, no tanto por su calidad predecesora -no habrá Goyas suficientes que me justifiquen Campeones (2018)- sino por haber brillado por su ausencia el verdadero contrincante del deportista: él/ella mismo, las heridas que sangran sin que las veamos, una mente que nos traiciona hasta hundirnos en una relación tóxica sin escapatoria.

La salud mental es un escaparate del que nunca se habla lo suficiente, por lo que la existencia de Corredora es valiente y generosa con el espacio que cede al espectador para pensar sus imágenes. Agradezco una propuesta que dé el pistoletazo de salida a la Sección Oficial, porque si no le acompaña la calidad nos acompasaremos a un ritmo de carrera entretenido. Y Corredora lo hace: aún por la complejidad emocional de los temas que trata y denuncia, no se le puede recriminar un metraje que progresivamente vaya perdiendo interés.

Una dirección limpia que se apoya en exceso en el realismo

Si algo le puede achacar un servidor es, siendo solvente y empática en cuanto al corpus dramático, no terminar de acelerar para dejar un conjunto memorable, aún más incómodo y más agresivo con su propio lenguaje cinematográfico. No hacer pornografía del dolor, ni forzar la mirada del espectador al sufrimiento de la carne, y menos aún hacer subrayados que de tanto reiterarse pierde la sensibilidad de las buenas intenciones. Aquí todo es, mentalmente y por tanto invisiblemente, doloroso. Pero sí jugar con los recursos visuales de una cámara que siempre espera el mejor truco de magia. En este caso, Laura García Alonso se apoya en respetar a la protagonista desde una mirada nunca atrofiada, un realismo que desde grandes angulares muestra pistas de atletismo que empequeñecen a Cris (Alba Sáez) y encuadres en seguimiento que alargan la carrera mental a la que la protagonista no encuentra la meta.

La película catalana también puede pecar, para los que no se venden fácilmente al arrebato del mito deportivo, de contradecir todo el hilo narrativo en un tercer acto que abraza precipitadamente la redención. La oportunidad de salir del bucle aunque ya sea demasiado tarde. Caer ante la adversidad es la conclusión desoladora de aquellas películas memorables que nos dieron una lección de vida (Million Dollar Baby, 2004). 

Alba Sáez, actriz revelación por Corredora

A la hora de mostrar la vulnerabilidad ante el tabú de la salud mental, en la labor como actriz de construir la propia destrucción, Sáez se entrega en cuerpo (piernas) y alma a una atleta obstinada en ganar, dilatando aún más la distancia entre lo que quiere (la medalla) y a los que quiere (su familia, fantástica de nuevo Marina Salas).

Miguel Robles
Periodista y gestor de cuentas en marketing digital, ha cubierto el Festival de Málaga en medios como La Opinión de Málaga y Cine Nueva Tribuna.

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