Álex García en El inmortal
Álex García protagoniza 'El inmortal' / Movistar Plus
Cine

‘El inmortal’ o el alivio del crítico

Si Álex Pina hubiera estado al frente de una serie como El inmortal, la banda sonora del piloto la habría encabezado y concluido C. Tangana en lugar de Extremoduro. En este universo paralelo y menos deseable, el creador de Sky Rojo habría cogido el guion de Diego Sotelo y David Moreno y lo habría llevado a la pequeña pantalla saturando el neón discotequero y los atardeceres de Ibiza hasta convertir en deseable la vida de un macarra maquinero de los 90. Afortunadamente, la batuta en esta ficción relativamente realista sobre Los Miami y su imperio de la cocaína en Madrid cayó en manos de Rafa Montesinos y David Ulloa, tan diestros en realizar un producto sumamente entretenido -«antiaburridista», en palabras del señor Pina- como en conseguir que hasta Jon Kortajarena actúe más o menos bien.

La verdad es que es de agradecer que Movistar Plus apueste por no limitarse a explotar el morbo que suscitan las vidas de personajes de dudosa moralidad. En El inmortal no se glorifica hasta la náusea al líder del narcotráfico noventero al que encarna carismáticamente el actor Álex García ya que, aunque se busque naturalmente la simpatía por parte del espectador, no se pretende su adoración. Pese a cierta romantización intrínseca a estos relatos, hay mayor interés en el retrato de lo barriobajero tal y como era, sucio y sin glamour, que en su sublimación. Insisto: en una época como la nuestra en la que reina la estética del videoclip trapero, en la que cada chaval paga una buena pasta por lo que otrora fuera un chándal del mercadillo, alardea patéticamente de que se folla a demasiadas mujeres y balbucea cual macaco un “bro” cada cinco palabras, es un alivio que se manufacturen este tipo de historias con un mínimo de sesera y en la que suena lógicamente Aquí no hay playa, el hit de The Refrescos, en lugar de Ni me voy a molestar en buscar en Google cómo se llama, la última canción de Bad Bunny.

Como no sé si mi deuda con la productora de El inmortal sigue vigente por negarme a pagar una de sus usureras sanciones, el honor no me permite instar demasiado a que se vea esta serie si no es desplegando una vela negra con calavera, más aún cuando yo la he visto gratis pese a su molesta marca de agua para prensa. A menos, claro, que el posible lector ya se esté rascando el bolsillo para pagarle a esta plataforma. En tal caso, sí resultaría lícito inducirle a disfrutar de sus ocho notables capítulos.

Manu Collado
Empresario de lo inútil.

Artículos relacionados

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.