Icíar Bollaín
Icíar Bollaín en el 23 Festival de Málaga
Entrevistas

Icíar Bollaín: «Hemos tuneado el matrimonio»

Sosegada, clara, fluida y amable. Así suena la voz de Icíar Bollaín en mis oídos mientras transcribo la entrevista conjunta que unos cuantos medios le realizamos durante el 23 Festival de Málaga, justo después del preestreno de La boda de Rosa. Confieso que la seguridad con la que me respondió en su día a un par de preguntas no demasiado complacientes me hace dudar de mi valoración inicial sobre la película. Me pareció un poco demasiado «buenrollera», pero quizá el problema sea yo, que soy un triste.

Pregunta: La película trata de una mujer madura, Rosa, que decide romper con todo lo que la aliena y casarse consigo misma. Por tanto, en sus votos, promete amarse y respetarse cada momento de su vida. ¿Estamos viviendo una época que necesita de la reivindicación del autocuidado?

Respuesta: Desde luego. Una de las reivindicaciones que debemos asumir es la de compartir las tareas domésticas y los cuidados, la famosa conciliación. Cuando una comparte estas tareas, empieza a tener más tiempo libre. Hay que reivindicar la necesidad de ocio, de tiempo para uno mismo. Hay que aprender a darse espacio y a cuidarse uno mismo. Además, si yo estoy bien, también lo estaré con los demás. Es una actitud que nos beneficia a todos.

Te hemos escuchado decir alguna vez que parece raro que alguien no sea feminista. ¿A qué se debe este extrañamiento?

A que el feminismo reclama la igualdad. Entonces, me resulta raro que alguien no esté de acuerdo, por ejemplo, con que si un hombre y una mujer hacen el mismo trabajo no cobren lo mismo. Me parece difícil que alguien que tenga una hija o una hermana no quiera que tenga las mismas oportunidades. Cualquiera con dos dedos de frente coincide con esto.

Icíar Bollaín

Icíar Bollaín con la mascarilla promocional de ‘La boda de Rosa’.

Los problemas familiares siempre son una gran fuente de inspiración para contar una historia. Películas como Agosto nos han acostumbrado a verlos tratados de un prisma algo turbio. Rencillas, celos, resentimiento…  Sin embargo, en La boda de Rosa habéis elegido tratarlos desde un humor más reconfortante.

Un tema como es la autoestima y el sentirse infravalorada en el entorno familiar es muy importante, pero nunca quisimos tratarlo desde la tragedia o el drama, sino con vitalidad y alegría. Y este tono está en el guion, en la dirección de actores, en una fotografía luminosa e incluso en la banda sonora, muy mediterránea. Además, Candela Peña tiene el candor propicio para darle también ese revulsivo al personaje protagonista que la lleva a dar un giro positivo a su vida. Es una actriz maravillosa, Candela. El mismo terremoto de energía y de pasión por su trabajo que ya era cuando rodó conmigo Hola, ¿estás sola? hace veinticinco años.

¿Qué hay de ese personaje, de Rosa, en Icíar Bollaín?

No nos parecemos mucho, pero sí que hay cosas que también me pasan desde el punto de vista de ser madre de familia, y es que siempre estás despachando. Hay días en los que llegas al final y piensas que no te has dedicado a ti misma ni diez minutos. En ese sentido el guion ha sido una terapia, en aprender a decir «ahora no». Ahora me toca, por ejemplo, hacer yoga y no puedo estar pendiente de ti. O «ahora voy a estar con una amiga y si hay que poner una lavadora te la pones tú».

Hay también cierta voluntad de conciliación con viejos conceptos como, por ejemplo, el matrimonio. Un feminismo clásico lo vería como algo encorsetador, pero en la película se reinterpreta para integrarlo dentro de una visión simpatizante con este movimiento social.

La verdad es que le dimos muchas vueltas. El matrimonio es algo muy convencional, así que, ¿por qué recurrir a él? Porque reinventarlo es rompedor. Al ironizar, puedes volver a apropiártelo. Hemos tuneado el matrimonio y ha sido muy divertido. Además, el mensaje que intentamos lanzar es el de retomar las riendas de la propia vida, y esto no es patrimonio femenino, lo puede y lo debe hacer cualquiera. Lo que pasa es que el rol de cuidadora de Rosa es muy femenino. Somos nosotras las que solemos cargar con esa responsabilidad. Pero la reivindicación de uno mismo es algo universal.

Siguiendo el hilo relativo a la reapropiación de términos a priori caducos o trillados, nos encontramos con algunas que otras consignas relativas a quererse a uno mismo que podrían confundirse con sentencias sacadas de un manual de autoayuda. ¿Crees que la película consigue valerse de estas frases eslogan para que el mensaje tenga el mayor calado posible?

Una siempre pretende llegar a la mayor parte del público posible. Y no es que haya una adaptación del lenguaje, es que ese es el lenguaje de la historia. Es sencillo y cualquiera puede reconocerse en un miembro de la familia que retratamos. Hemos intentado crear una historia cercana y tierna. Rosa no necesita de ningún coach, le basta con tomarse su tiempo para irse a la playa y escucharse a sí misma. Este ejercicio, que parece tan simple, es muy complicado. Tenemos mucho ruido externo relativo a lo que nuestros padres y familiares esperan de nosotros. Hace falta pararse un momento para saber qué es lo que queremos hacer realmente. Esto es lo que propone la película.

Para terminar, ¿ves con optimismo la evolución del sector audiovisual dentro de este tiempo convulso con la crisis ocasionada por el coronavirus?

Desde que se levantó el confinamiento se está trabajando. Se están haciendo series, películas, publicidad… Esta situación nos paró a todos un tiempo, pero poco a poco vamos recobrando la normalidad, adaptándonos a las circunstancias. Quizá los procesos de rodaje son ahora más costosos, más lentos, con muchas precauciones, pero se puede seguir creando.

Manu Collado
Empresario de lo inútil.

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