Un hombro fuera de sitio y un público entregado: la noche más dura de Delaossa
La ilusión del primer concierto en un gran recinto es inmensa. Los meses de preparación, los nervios y la emoción ante la especial noche son parte del proceso previo. También hay cierto miedo a que salga mal, aunque, por lo general, todo funciona correctamente. Pero esta vez no fue así para Delaossa. El malagueño está de gira presentando La Madrugá, su tercer álbum de estudio, un trabajo marcado por la introspección y la ambición artística. Comenzó en octubre en Barcelona y todavía le quedan varias fechas, como la de Málaga el próximo 21 de febrero. Puedes consultar todas las ciudades y adquirir tus entradas en la página web oficial del artista.
El concierto, dividido en cinco actos, comenzó con la introducción del disco, dando paso a un Delaossa que interpretó 2 the sky desde una elevada estructura. El rapero, ataviado con un arnés, procedió a lanzarse desde las alturas. Lo que iba a ser una épica entrada acabó en una aparatosa caída. Tras unos minutos de oscuridad y desconcierto, las luces del Movistar Arena se encendieron y apareció un mensaje en pantalla: «Ha surgido una incidencia. Enseguida volvemos. Gracias». Las redes sociales pronto se llenaron de vídeos mostrando el golpe y las dudas surgieron entre los asistentes: «¿Van a cancelar el concierto?».
Tras una larga pausa, el andaluz reapareció sobre las tablas para interpretar Rey y Vulnerable. «Disculpad el tiempo de interrupción, se me ha salido el hombro, ahora me lo tendrán que poner de nuevo», explicó entre evidentes muecas de dolor. El show continuó con los primeros invitados de la noche: Pepe y Vizio para cantar Si tú supieras.
Segundo acto y un apaño para el hombro
Al mostrar el rótulo del acto 2 hubo, de nuevo, una larga pausa. Esta vez, Delaossa reapareció con un cabestrillo improvisado para evitar una lesión mayor. «Aunque se me saliese el hombro o hubiese pasado algo más grave, habría seguido cantando para ustedes», aseguró el artista. Varias canciones después, en el turno de Mal agüero, hubo un momento en el que el andaluz necesitó parar por las molestias. El público reaccionó coreando los versos perdidos como signo de apoyo absoluto.
El tercer acto, titulado «Osadía: Los chicos del cosmos» fue un festival de colaboraciones. Space Hammu al completo se subió al escenario, deleitando con varios temas y un anuncio muy importante: «Space Hammurabi tiene nuevo álbum». Así fue la confirmación de que este año llegará nuevo disco del colectivo rapero. Fernandocosta también estuvo presente para interpretar Fumando serio e Eazyboi volvió para dar vida a Picasso / Matisse.
Uno de los momentos más entrañables surgió durante el cuarto acto, cuando Delaossa se montó en el asiento de copiloto de un coche que iba simbólicamente conducido por nada más y nada menos que su propio padre. Cuánto falta puso los vellos de punta al Palacio de los Deportes madrileño, dejando que los recuerdos aflorasen en cada mente. «Cuando echo la vista atrás, tengo una foto grabada de mi madre… Ella cantaba una canción a todas horas», narró el de El Palo. Su versión de Pájaros de barro fue coreada por todos los presentes. Entre ambas interpretaciones, protagonizadas por los recuerdos familiares, hubo un momento para disfrutar de Recycled J y su colaboración en Demonios de blanco.
Y Delaossa sobrevivió a la fatídica pero maravillosa noche
Nueva Season dio la bienvenida al tramo final. El quinto acto contó con la vuelta de Pepe y Vizio para la exitosa El patio, uno de los temas más celebrados de la noche. «Vamos con mi canción favorita del álbum», anunció Delaossa antes de sonar las primeras notas de Mariposas rojas. Con Still Luvin y la llegada de Quevedo, se acercó el final de la complicada cita. «Creo que ha sido el concierto más difícil de mi carrera», confesó antes de despedirse con Otro amanecer.
El concierto terminó convertido en un ejercicio de resistencia, honestidad y comunión con el público. Lejos de empañar la noche, el accidente inicial transformó el espectáculo en todo un relato de superación compartida, donde cada pausa y cada gesto adquirieron un peso emocional mayor. Delaossa dejó así una imagen imborrable de entrega absoluta, incluso cuando el cuerpo le pidió parar. Madrid fue testigo de una noche imperfecta, intensa y humana, de esas que no se olvidan porque, precisamente, nada salió como estaba previsto.



