Parot
Adriana Ugarte protagoniza 'Parot' / Prime Video
Televisión

‘Parot’ o la insuficiencia de la venganza

La derogación de la Doctrina Parot causó un gran revuelo entre los medios en el año 2013. La prensa quedó dividida, como siempre, entre los que realmente querían informar sobre un hecho especialmente relevante de nuestra historia reciente, sus consecuencias e implicaciones morales —los menos—, y aquellos —los más— que buscaban llenar programas de marujeo matinales haciendo una morbosa incisión en los crímenes deleznables que habían cometido los reos que se vieron beneficiados por la reducción de su pena.

Algo parecido ocurre con la serie homónima, Parot, inspirada en estos sucesos, creada por Pilar Nadal y protagonizada por Adriana Ugarte. La actriz da vida a la inspectora de policía Isabel Mora que, unida a su compañero Jorge Nieto (Javier Albalá), debe investigar los asesinatos que un supuesto justiciero perpetra contra los excarcelados, sometiéndoles a un destino parecido al que un día sufrieron sus víctimas. Una premisa interesante, aunque para nada nueva en el género policiaco, que se actualiza en el marco de la polémica suscitada en su día a raíz de que terroristas, violadores y demás fauna carcelaria coleccionista de delitos graves salieran de la jaula para consternación de los familiares de sus víctimas.

La serie, como hemos mencionado, bucea en esta trama de manera tan ambivalente como lo hizo en su momento la prensa: entre la denuncia y el voyeurismo de la crueldad. Apoyada en la notable actuación de Ugarte, cada vez más madura y rica en matices en sus interpretaciones, se profundiza en el trauma de las afectadas por crímenes sexuales de manera efectiva y necesaria para comprender tal calvario, pero cayendo al tiempo en el exceso, recreándose en los momentos más duros de dichas experiencias sin mayor ambición que la de incomodar al espectador con una continua invocación a la rabia, la impotencia y la lágrima.

Asimismo, Parot resulta ser un producto entretenido a la par que suficientemente reflexivo. El bostezo brilla por su ausencia gracias al buen pulso narrativo que se ostenta y a una construcción clásica y sólida de los personajes. Por otro lado, la suspensión de la incredulidad no se ve amenazada en demasía pese a la anticipación de los sucesos por parte de un público avezado en el género y pese a la toma de ciertas licencias como parches para tapar algún que otro agujero de guion.

Quizá Parot no destaque por su innovación técnica o sorpresa en el plano argumental, pero sí que consigue vincularse a esa herencia de la mejor ficción creada por la televisión pública nacional, aquella que busca educar sobre nuestro pasado reciente y lejano de una manera tan amena como didáctica. Nos alentará, además, a volver una vez más a una problemática atemporal: ¿Es legítima la venganza cuando la justicia es insuficiente? Y de ahí a otra cuestión: ¿Qué queda cuando ni la venganza alivia tu rabia?

Cabe destacar, antes de concluir estas líneas, la actuación no solo de Ugarte, sino también de la siempre fiable Blanca Portillo y, especialmente, la de Iván Massagué, capaz de interpretar con la misma soltura registros tan diferentes como el de un tío enrollado en una comedia al uso (Bienvenidos a la familia), el de un prisionero distópico (El hoyo) o el que aquí nos ocupa, un siniestro dandi sin escrúpulos ocupado en la abyecta tarea de violar a chicas jóvenes al amparo de su estatus social como aristócrata.

Estreno en Prime Video: 28 de mayo.

Manu Collado
Empresario de lo inútil.

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