‘Hamnet’: Jessie Buckley convierte el duelo en una interpretación devastadora
Chloé Zhao aborda Hamnet desde un lugar íntimo y dolorosamente silencioso. La directora pone el foco en la herida abierta tras el fallecimiento de un hijo y el vacío que deja en quienes lo sufren. Se trata de un ejercicio de duelo contenido en el que lo emocional carga con el peso de la obra, pues cada gesto visto en pantalla parece impregnado de tristeza. Desde luego, la presencia de pañuelos no será anecdótica en las salas de cine.
Jessie Buckley sostiene la adaptación del libro de Maggie O’Farrell con una interpretación profundamente desgarradora. No es ninguna sorpresa que se alzase con el Globo de Oro y tampoco lo será cuando recoja el Óscar. Su Agnes es el centro emocional de un relato con tintes mágicos: una mujer conectada con la naturaleza, con la intuición y con un dolor que no necesita palabras.
Por su parte, Paul Mescal encarna a un Shakespeare -cuya identidad solo se menciona al final de Hamnet– marcado por la distancia y la culpa, más observador y menos protagonista, que es casi incapaz de verbalizar su pérdida. La química entre ambos funciona desde la contención, reflejando una pareja unida por el amor puro y sincero, que nace desde el interior más profundo de cada uno, pero fracturada por una tragedia imposible de asimilar.
El joven elenco está a la altura de sus referentes, y cabe destacar el trabajo de Jacobi Jupe, quien da vida a Hamnet. Su interpretación construye un niño curioso, muy sensible y profundamente observador, cuya presencia deja huella desde el primer minuto. Su melancólica mirada, que está continuamente buscando la valentía que le falta para tomar cada decisión, queda clavada en el recuerdo del espectador. La naturalidad del inglés convierte su vulnerabilidad en un sentimiento con el que es fácil empatizar.
La poesía del duelo de Hamnet en imágenes
En cuanto a la dirección, Zhao recurre a lo que ya nos tiene acostumbrados: planos abiertos, atención al entorno natural y un ritmo pausado que invita a la contemplación. Esta Inglaterra rural de finales del siglo XVI y principios del XVII se presenta como un espacio por donde pasan el tiempo y las estaciones. Habla por sí mismo, con un bosque que tiene vida propia y un hogar cuyas paredes saben más de lo que callan.
Esta apuesta estética refuerza la dimensión poética del relato, aunque puede jugar en su contra frente al gran público. Las escenas son pausadas y la insistencia del martirio puede resultar agotadora. Sin duda, Hamnet es un drama intenso que coquetea con lo lacrimógeno.
El filme no pretende ser cómodo ni complaciente. Es una película que observa el duelo desde dentro, sin explicarlo ni embellecerlo, y que entiende la creación artística como una consecuencia del sufrimiento. Zhao firma una obra delicada, devastadora y profundamente humana, capaz de conmover, precisamente, por la honestidad de sus silencios.

